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Desde las alturas a las entrañas de La Mocha:

Una invitación a amar el bosque para lxs niñxs de la Isla


Cuentan quienes la han observado y estudiado que la Fardela Blanca es un ave que pasa gran parte de su vida volando sobre el mar y que solo se acerca a tierra para nidificar. Cuentan quienes la han observado y estudiado que la Fardela Blanca, por ser un ave pelágica que apenas pasa tiempo en tierra, es incapaz de aterrizar y por eso se lanza contra el bosque cayendo abrupta y estrepitosamente al suelo, donde construye madrigueras para poner un solo huevo. Cuentan, además, que tampoco puede alzar el vuelo desde el piso, así que escala por los árboles para tomar altura, emprender el vuelo y regresar a su hábitat marino.

Foto por: Pablo Cáceres

Hay solo dos lugares de nuestro planeta donde esta ave triatleta nidifica y se regenera: el archipiélago Juan Fernández y la isla Mocha. Y, bueno, cabe preguntarse el porqué.


Isla Mocha se encuentra en el frente Pacífico de la región del Bío Bío y pertenece, administrativamente, a la comuna de Lebu. En las cotas más elevadas de sus 48 km2 de superficie alberga un frondoso bosque de especies nativas de Chile que, año a año, siente cómo las Fardelas Blancas se estrellan contra sus milenarios olivillos, arrayanes, ulmos…

Si investigas un poco descubrirás que Isla Mocha es, además, un lugar con una increíble historia que ha inspirado relatos y novelas de aventuras (una pista: Mocha Dick…). Tiene un pasado marcado por la ocupación Lafkenche, de la que le queda el nombre. En esta enigmática isla, donde brota gas natural de la arena de sus playas, donde es posible ver cómo se petrifican en su borde costero lo que, en un futuro no muy lejano, serán fósiles; en esta fértil isla, en la que hasta la tectónica parece confabularse para protegerla, se aprovisionaban corsarios y piratas europeos en un floreciente comercio con los autóctonos, hasta que, en 1685 los españoles decidieron que este lugar debía ser vaciado de ocupación humana porque perturbaba su tenaz actividad de saqueo en el continente.

La Mocha o amucha es el lugar donde, según sus ocupantes lafkenches, resucitaban las almas… Un lugar de regeneración.


Es así como hoy día seguimos encontrando el bosque milenario, que ahora es una Reserva Nacional bajo la tuición de CONAF y que sigue recibiendo, paciente, el curioso impacto “fardelero”. Las fecundas tierras aledañas a la Reserva Nacional Isla Mocha han vuelto a ser pobladas y trabajadas para hacerlas más “habitables”, regenerando un vínculo humano-naturaleza que, de generación en generación, busca un delicado equilibrio.


Isla Mocha es también una de esas zonas aisladas de Chile que, pese a adolecer de servicios básicos debido, principalmente, a la inoperancia del Estado, sigue siendo el hogar de gente resiliente que atesora un preciado acervo natural y cultural. Al igual que en otras zonas aisladas de Chile hay una escuela y un jardín rurales, en los que, por su privilegiada posición de aislamiento, es sencillo llevar el aula al aire libre.


Y para experimentar esa aula natural nos convertimos, espontáneamente, en Fardelas.


Convocados por Marco y Javiera de la Fundación Regenerativa, quienes llevan años trabajando un bello proyecto de regeneración ecosistémica con los pobladores de La Mocha, a finales de noviembre aterrizábamos, suavemente, un ecléctico equipo de “espeleoarboristas”. La chispa de inspiración fue la iniciativa educativa “Cuerdas y Más” de la Asociación Espeleológica de Patagonia. Esta iniciativa partió en 2019 con la escuela y el jardín de Puerto Edén, en la región de Magallanes. Situados a 9 horas de navegación del Archipiélago Madre de Dios, la escuela G-06 Miguel Montecinos Contreras y el jardín étnico La Centollita son los primeros centros educativos rurales de Chile en los que se empezó a usar la espeleología¹ como herramienta pedagógica para acercar a niños y niñas a su territorio, un territorio cuyas cuevas de caliza son exploradas desde hace más de 20 años por la asociación francesa Centre Terre.


Salvo las cavidades excavadas por las fardelas, en Isla Mocha no se sabe que haya cuevas. Tampoco las hay en Puerto Edén. Pero no por ello íbamos a dejar pasar la oportunidad de aunar competencias y hacer del bosque nuestra cueva, a lo Fardela Blanca.


Tras la excelente acogida por parte de la comunidad educativa de la escuela G-501 Armando Arancibia Olivos y del jardín Fardelita Blanca Isla Mocha, representantes de la Fundación Regenerativa, Fundación Ética en los Bosques y la Asociación Espeleológica de Patagonia conjugamos saberes y haceres propios de nuestros ámbitos de acción para compartir, durante dos intensos días, con niños y niñas de la Isla Mocha. Las actividades que, simbióticamente, se diseñaron para acercar a los más pequeños a su entorno a través de las cuerdas, preveían una vivencia novedosa, lúdica, armónica y respetuosa con su territorio; una interacción que busca regenerar y revitalizar un vínculo cómplice con la naturaleza para que, desde el amor, ya no solo se proteja, sino que también se cuide.

Se protege lo que se conoce, pero se cuida lo que se ama.


Gracias a la hospitalidad de Iván Parra y su familia, en la parcela 1 se instaló un circuito de cuerdas con tres estaciones complementarias que nos permitieron transitar el camino del agua en sus distintas formas, desde la extensa pradera que separa el bosque del mar, pasando por un pequeño humedal, una pequeña quebrada o “chorrillo” hasta llegar a un lugar del bosque que se abre en forma de cueva.


En la horizontalidad del humedal, y gracias a la complicidad de dos bellos sauces, ejercitamos el equilibrio sobre una pequeña slackline asegurada por un pasamanos para observar la vida desde lo alto procurando no perturbarla.

En la verticalidad de la quebrada aprendimos a subir y a bajar por las cuerdas con técnicas propias de la espeleología. De la fortaleza de los boldos y olivillos que nos sirvieron de anclaje aprendimos la importancia de estar sanos por dentro y por fuera para disfrutar plenamente de actividades complejas que requieren una gran destreza y coordinación, tanto individual como colectiva. También aplicamos, de manera entretenida, principios elementales de la gestión de los riesgos en un entorno bello, pero no exento de peligro.

Trabajo en equipo, gestión del miedo, espíritu de superación, paciencia, coordinación psicomotriz, observación del entorno desde distintos planos, perspectivas y enfoques… armados de estos aprendizajes nos adentramos en el bosque, que nos esperaba con una tirolesa elevada para que, en un adrenalínico vuelo, lo pusiéramos todo en práctica; un premio del generoso bosque de La Mocha.


En los dos días de actividades, organizadas el 3 y 4 de diciembre, participaron un total de 16 niños y niñas de 4 a 13 años. Nos acompañaron parte del equipo docente, padres y madres, a quienes agradecemos la enorme confianza que depositaron en el grupo de “espeleoarboristas” compuesto por Javiera, Marco, Felipe, Cristian, Jocelyn, Magda, Nicolás, Aníbal y Natalia.

Cuentan quienes la han observado y estudiado que la Fardela Blanca realiza su vuelo regenerativo para nidificar una sola vez al año y que nunca falta a su cita. Amucha. Quién sabe cómo llamarían los lafkenches a la fardela blanca… Sea como sea, nosotros tampoco faltaremos a nuestra cita, así que nos vemos el próximo año en los regeneradores bosques de La Mocha.


¹ Ciencia que estudia la naturaleza , el origen y formación de las cavernas , y su fauna y flora (RAE)

Fotos por Felipe Zanotti

 

Escrito por: Natalia Morata


Natalia Morata es una exploradora moderna. Desde que conoció la espeleología (estudio de cuevas) su vida cambió y se ha convertido en precursora de esta actividad en Chile. Es la presidenta de la Asociación Espeleológica de Patagonia y vicepresidenta de Centre Terre. Su pasión por la exploración de cuevas la lleva recurrentemente a lugares tan recónditos como Isla Madre de Dios.


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