Testimonio: Voluntariado en Isla Mocha

Nunca pensé que podría tener tantas nauseas por navegar en una lancha, al menos hasta que decidí ir a Isla Mocha. No conocía mucho sobre esta masa de tierra ubicada frente a Tirúa en nuestro mar, sólo estaba al tanto que Regenerativa trabaja arduamente junto a varios/as de sus habitantes por regenerar el severo daño ecosistémico que ha experimentado desde su colonización por las familias fundadoras.

¿Por qué decidí embarcarme y concentrarme, literalmente, en “no morir” durante 2 horas continuas? Es obvio, porque como todo en la vida, son los pequeños detalles en los pequeños lugares de nuestro planeta los que hacen toda la diferencia, aunque sea simbólica o poéticamente. Sin embargo, imaginaba que esta isla con tan pocos habitantes sería un caso de trabajo práctico real que prometería tener un impacto en este territorio y mejoraría la calidad de vida de sus residentes.


Al llegar a la Mocha, lo primero que observé fue Chile continental. Pensar que sólo podía observar una porción de nuestro país y que es tan largo, grande e interconectado; y ahí figuraba yo, estaba en un pequeño pedazo de tierra en el océano Pacífico, cerca del continente americano, pero sobrecogido porque estaba en un lugar hermoso, tranquilo, pacífico, pero frágil, vulnerable y literalmente en crisis.


Ya en la Isla fue clave la recepción de quienes serían nuestras anfitrionas y nuestros anfitriones, con gran gentileza, atención y orgullo por la Isla donde viven. El día a día fue activo, con momentos claves y abundantes de descanso y conexión tanto natural como social, pero sin lugar a dudas había una estimulación constante al estar ahí con un grupo de voluntarios y voluntarias que compartían intereses y gustos en común.


Lamentablemente, uno comienza a apreciar cómo el paso de la humanidad ha destruido la isla al mismo tiempo, con un bosque perimetral olvidado que solo recordaban quienes ya han fallecido. Campos donde la vegetación a duras penas crece y abundan los animales pastoreando sin organización aparente alguna.


Pero, ¿cuál es la realidad del día a día en el predio de algunas de las personas que visitamos? En casi todos los casos nos recibieron con mucha apertura, a veces con involucramiento total en las actividades y otras con más supervisión que colaboración, pero sin lugar a dudas en todas hubo mucha confianza. Cada persona se sentía como dueño/a y además guardián de su predio, por lo que se preocupaba de cómo trabajaríamos y cómo quedaría el espacio natural.


Ahora, justamente esto resultó en una de las dinámicas más entretenidas e interesantes: ¿cómo nos organizamos como equipos de trabajo?, ¿cuáles son nuestros roles?, ¿cómo se debe realizar correctamente la reforestación? ¡Ah, sí! Porque fuimos a Isla Mocha principalmente a reforestar con árboles nativos de nuestro territorio nacional.

Originalmente nos dividimos según qué le atraía más realizar a cada voluntario/a y luego, a medida que avanzábamos en la reforestación, si alguna tarea comenzaba a retrasarse en su completitud respecto a las otras, entonces más personas apoyaban en su ejecución hasta que se sincronizaba con las otras.

Más allá de las plantaciones mismas, y asimilar el hecho de que nuestras acciones determinaron el lugar donde se desarrollará la vida completa de cientos de seres vivos, me llamó la atención compartir con personas como Nely, quien había perdido recientemente a su hijo por una agresiva enfermedad, pero que a pesar de ello estuvo con una enorme voluntad y energía compartiendo con nosotros/as en cada almuerzo y abriendo a nosotros/as una parte de su vida.

La estadía en la Isla Mocha me hizo reflexionar profundamente sobre nuestra existencia, sobre esta extraña experiencia de tener conciencia producto de una serie de reacciones químicas que confluyen en nuestros cuerpos. Me hizo cuestionar por qué quiero emprender, por qué quiero innovar, por qué me gusta la tecnología, por qué me gusta desconectarme y estar cercano a los bosques, al entorno natural menos intervenido posible por el actuar humano, e irónicamente me hizo cuestionarme profundamente por qué había decidido ir allí. ¿Cuál es la respuesta a todo esto? Creo que tú, estimada/o lector/a, debes encontrarlas a todo esto a través de tu propio viaje a la Isla Mocha, porque me tomaría quizá un libro completo plasmar todos los pensamientos, las preguntas y las respuestas que surgieron en este viaje.



 

Escrito por: Pablo Cortés


Pablo es parte de Regenerativa desde enero del 2022, como ingeniero y consultor en proyectos varios. Su pasión es la música, las reflexiones existencialistas e inventar soluciones a problemas difíciles.

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